Los Fragmentos Reordenados

A veces padecemos las consecuencias de una sobredosis de realidad. Sufrimos la resaca de lo tangible. Los objetos cotidianos, incluso caras de seres queridos y familiares, se nos deshacen: nuestra mirada los fragmenta, obstáculos inefables se erigen entre ella y las cosas. Lord Chandos, el ficticio poeta que Hugo von Hofmannsthal había inventado, renuncia a la escritura y al arte porque las palabras se convierten en monstruos que lo amenazan y se pudren sobre su lengua en el momento del primer contacto físico. De la misma manera nos desesperamos cuando los objetos y personas pierden sus contornos para convertirse en… No sabemos en qué se convierten, sólo sabemos que nos infunden miedo, pánico a veces, inseguridad siempre. Hay que reorganizar la realidad entonces: desarmarla para volver a ensamblarla. El resultado final parece ser idéntico a su original. Pero no: somos niños que exploran sus juguetes y los desarman; niños incapaces de reconstruir fielmente lo que se había podrido, lo que había perdido sus contornos. Ramsés de la Cruz muestra con su obra que este juego –trágico y peligroso a primera vista, cómico y grotesco a segunda, vital y fundamental a tercera- tiene facetas estéticas y trascendentales que nos permiten la supervivencia, que nos incitan a la lucha por una belleza que a pesar de todo ha de existir. La teoría de la evolución habla de “bricolage”: la naturaleza arma objetos con los elementos que en un momento dado encuentra. Los resultados siempre son sorprendentes y, a pesar de que muchas veces no sirven para nada, llenos de significados inesperados. Se trata de un más allá del azar. El arte de Ramsés de la Cruz opera con este principio e instaura un más allá de las vanguardias de principios del siglo xx que predominan el quehacer artístico hasta en nuestros días. El artista crea con sus materiales tangibles y fácticos mundos nuevos tan tangibles como el material que los había originado, pero no iguales ni –mucho menos- idénticos. Los mundos de Ramsés de la Cruz no son miméticos, tampoco opera con espejos deformadores. Sus mundos son el reflejo de la mimesis: no el espejo, sino el espejo representado; mundos saciados de significados que amenazan y consuelan, inquietan y tranquilizan, espantan y reconcilian; son los fragmentos reordenados de seguridades deshechas.

Andreas Kurz estudió literatura comparada en la Universidad de Viena, así como una Maestría en Letras Hispánicas en la Universidad de las Américas Puebla. Se doctoró con una tesis sobre la influencia francesa en el modernismo finisecular mexicano.

El pintor toma partido por el individuo soberano, independiente y creador, capaz de resistir a quien, incapaz de cualquier acto personal, se vende al mejor postor, justamente en este momento histórico en que todo tiende a la masificación de la vida. Lucha del individuo por escapar a la quiebra de su identidad que pasa por una crítica radical a todo aquello que impide la libertad: sistemas de poder, morales gregarias, religiones represivas, discursos demagógicos. Ese es el punto: Ramsés ha decidido ir a contracorriente y, en este sentido, escoge por cómplices de la aventura trasgresora a aquellos que, a lo largo de la historia, han luchado por impedir que el ser humano se ahogue en la rutina y en la mediocridad.

Actualmente investiga sobre la influencia de la filosofía irracionalista en la cultura mexicana, así como sobre las teorías de la literatura fantástica. Es colaborador de La Jornada Semanal.


image