Procesos de Perfección ó la Vuelta a la Pintura

A partir de una cabeza de cerdo cruda servida en una charola brillante, o unas cabezas de pescado frescas de las que asoman unas rojas cocochas, la pintura realista de Ramses nos pone en la mirada de un observador que advierte el doble significado de la carne: cruda o cocida, comida o vísceras, la ingesta y el placer, Saturno devorando a su hijo.

Todo como una ofrenda bien servida para la diosa pintura.

El realismo esta vigente y aparece como una reacción a la no-pintura que cada vez es más abstracta y subjetiva. Comparto con Tomás Llorens la idea de que” el realismo es la expresión más seria de la modernidad y el valor que tuvo en la formación de la sociedad y la cultura modernas”.

No me sorprende que un artista como Ramses que siempre va un paso adelante en sus propuestas hoy se manifieste con la pintura de pincelada certera y técnica depurada. En treinta obras se interna en un tema fundamental:

Le preocupa la muerte y sus procesos, frente al animal se detiene y reflexiona ¿ esta muerto o es comida? ¿ Esta muerto y es hermoso? Se responde así mismo con sus pinceladas y nos recuerda que la muerte es un rito en el cual participamos, por eso evoca a una Ofelia que flota inerte en una bañera como un loto sobre el río.

Tradición : la pintura nos permite encontrarnos y reconocernos, amarnos y odiarnos, Novedad : nos reconocemos en otros y creemos que sabemos del otro, pero ya no amamos a nadie solo nos queda la carne.

Recordando a Nietzsche creo que la pintura nos salva para no morir de la verdad.


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